Categoría: Miembros de la Comunidad Universitaria 

Primer premio

  • Autor : Carla Abella Rodríguez
  • Título: Refranero de padre

— Yo a los cinco años ya trabajaba en el campo

— A los diez aún me llevabas de la mano al colegio


 Accésit primero

  • Autor : María Teresa Mata Sierra
  • Título : Metamorfosis

Todavía me impresiona recordarlo. Agarrándote fuerte de la mano  fui capaz de devolverte una pequeña parte de la confianza que depositaste en mi hace tantos años y que me han convertido en lo que soy.

Habrá quien al vernos pensaría: mira una señora ayudando a un viejo a bajar unas escaleras….

Lo que nadie sabe es que aquellos empinados escalones, al cogerte de la mano y asegurar tu bajada, fueron para mí una oportunidad  única de trasmitirte mi propia fuerza; de trasladarte mi cariño infinito y mi reconocimiento eterno por tu ejemplo impagable, por tu amistad incondicional y por tu magisterio. Sin cruzar una sola palabra,  entendimos ambos que se había producido ese cambio de papeles que hace  del discípulo un maestro cuando en el último escalón solo me dijiste: gracias. Con un nudo en la garganta te di un fuerte abrazo y  seguimos caminando.


Accésit segundo

  • Autor: Rosa Ana Menéndez García
  • Título: Un trozo de queso

Recuerdo bien aquella tarde. Llevábamos poco tiempo saliendo, unos meses, menos de un año. Todavía nos estábamos conociendo. Me invitó a subir a su casa por primera vez, a casa de sus padres. Era esa hora bruja en la que los nervios se pueden confundir con el hambre. Y asaltamos juntos la nevera. Delante de ella estuvimos explorando lo que nos apetecía, los cuerpos cerca, la inquietud. Y nos decidimos por el queso. Él cortó una cuña y la partió en dos. Sin pensarlo, espontáneamente, me dio el trozo más tierno, no el de la corteza, el otro, el mejor. Recuerdo bien como ambos nos dimos cuenta, como nos miramos, la ternura que había en su gesto.

Ahora, tantos años después, acaba de hacer lo mismo con nuestro hijo mayor. La misma ternura, la misma generosidad. Y nos volvemos a mirar.



Categoría: Personas mayores de 60 años

Primer premio

  • Autor: José Antonio Vallejo Aller
  • Título: Futuro compuesto

Habrás de recorrer muchos caminos,
          yo iré, él irá,

tú irás superando muchas asignaturas.
  El cuadrado de la hipotenusa
          nunca podrá dejar de ser igual a la suma
          de los cuadrados de los dos catetos.

Tendrás amigos, vencerás muchas dificultades
y sufrirás algunas decepciones (léase: traiciones)
  (Quousque tandem, Catilina?)

Te harás mayor.
Ganarás el pan con el sudor de tu frente,
tal vez alcances el éxito y la fama,
          las partículas elementales que constituyen la materia
          están dotadas de propiedades tanto de onda como de partícula,

pero solo cuando hayas alcanzado
la mano que, unida a tu mano, pierda su ajenidad
y ambos corazones aprendan, para siempre, a fundirse en un único latido,
tenlo en cuenta, hijo mío, solo entonces
habrás llegado.


Accésit primero

  • Autor: Feliciano Quintana Pastrana
  • Título: La vida es así y así lo será

Mucha ciencia y poca paciencia.

Mucho lujo y quizás poco cariño.

Mucho pan, Pedrito, pero ¿Cuánto de cariñito?

Que el tiempo pasa y que la vida cambia, lo vemos y lo sentimos, pero… ¿qué hacen los habitantes del planeta ahora?  pues exactamente lo mismo que los de antes: comer, dormir, trabajar y soñar.

Lo único  que ha cambiado es  qué se come, cuánto se duerme, en qué se trabaja. Y ¿qué es lo que se sueña? Pues lo mismo que nuestros abuelos: felicidad para nosotros y nuestros hijos.

Así que hoy me he dado cuenta, al sentarme ante esta hoja intergeneracional, que he sido nieto, hijo, padre, y ahora soy abuelo;  cumplo las normas del paso del tiempo.  Y disfrutaré lo que me deje la “VIDA” por vivir. Porque hay cosas que no se aprenden en los libros.


Accésit segundo

  • Autor: Emilio Pérez Paramio
  • Título:  El tío Bin-Bín

Era un día del mes de mayo y, como cada tarde,  caminando lentamente,  el  viejo a quien  los  chicos llamábamos  el tío Bin-Bin” subía, con esfuerzo, por el camino de las bodegas.

Nosotros apurábamos el paso para  aproximarnos a él,  que tenía que aguantar nuestros pequeños insultos y bromas que no le ofendían demasiado. Él aprovechaba para aconsejarnos y que esos momentos fueran motivos de reflexión. Recuerdo  un día quejarnos de las cosas que nos pasaban, al querer inculcarnos la paciencia que teníamos que tener para superar las dificultades, nos dijo esta reflexión que me quedó bien grabada:

Dios que es la suma bondad
y tan fastidiados nos tiene,
será porque nos conviene:
hágase su voluntad.



Categoría: Público general

Primer premio

  • Autor: María de las Mercedes Azar
  • Título:  Discrepancias

Yo me llamo como mi padre y así también bauticé a mi hijo. Los tres nacimos en este mismo pueblo olvidado de la mano de Dios. Pero nos separan desafinidades afectivas. Mi padre nunca perdonó mi nacimiento, que causó la muerte de mi madre tras dar a luz. Y yo desprecié a mi hijo cuando se declaró homosexual. Apenas compartimos un gentilicio y un patronímico. Por lo demás, no nos une el amor, sino el espanto.


Accésit primero

  • Autor:  Laura Barciela 
  • Título: Ave María Purísima

El doce de febrero dejó de creer en Dios. Al principio pensó que aquel convencimiento repentino se lo habían provocado las nuevas pastillas de la tensión y se preparó para ir a misa de una. En el ascensor, coincidió con el informático del quinto.

—Odio hablar del tiempo, ¿sabes, hijo?

—La gente odia demasiadas cosas hoy en día, ¿no cree? —A la altura del tercero, Petra se quedó pensativa.

—La verdad es que últimamente no creo mucho en nada.

Jesús se echó a reír.

—Acabo de darme cuenta, señora Petra, de que nuestro ascensor tiene el mismo tamaño que el del confesionario de San Esteban, aunque a mí me gusta más este, sin la celosía del medio.

Al domingo siguiente la anciana había cambiado de pastillas, pero su crisis existencial continuaba atormentándola. A la una menos cuarto, en zapatillas, se montó en el ascensor: necesitaba confesarse.


Accésit segundo

  • Autor: María Sol Villagrá
  • Título: El despertador

Con el canto del gallo se levanta Cecilia. Pone el puchero con agua que hierve siempre con el mismo trozo de tocino a la vez que desmigaja una hogaza de pan recién horneada. Van llegando los comensales que, entre cucharada y cucharada de sopas, mordisquean algo de matanza y un trozo de queso.

Se hace una reforma. Josefa prefiere el hierro y el carbón. Una pequeña caldera mantiene el agua caliente y, al mismo tiempo, las alubias de la huerta se van haciendo muy lentamente.

Mamá se moderniza. Calienta el café acercando una cerilla al pequeño fogón por donde sale el gas.

Y yo, que voy batiendo con prisa unos huevos, los mezclo y los revuelvo con los demás ingredientes, tengo ya a todos sentados a la mesa esperando.

En tres minutos suena el clic del microondas. En otros diez, la cocina queda desolada.

Mañana, sonará otro despertador.